Centro Hostosiano del Ateneo Puertorriqueño

Centro Hostosiano del Ateneo Puertorriqueño Centro académico de Investigación de la vida y obra de Eugenio María de Hostos y sus contemporáneos.

09/01/2019

¨Más fuerte es el que triunfa de sí mismo que el que triunfa de los otros.¨

Eugenio María de Hostos - La Patria, Lima Perú, 1871.

01/11/2018

Prólogo para una edición puertorriqueña de
"Hostos, el sembrador"

El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía entonces casi 35 años de mu**to. El encuentro se debía al azar; pues, buscando trabajo lo hallé como supervisor del traslado a maquinilla de todos los originales de aquel maestro de excepción, que escribió desde un texto de Geografía para escolares del primer grado de la escuela primaria hasta un Tratado de Derecho Constitucional o uno de Moral Social, -un estudio penetrante acerca de la sicología de los personajes de Shakespeare en Hamlet- o el análisis del carácter de Colón; todo eso mientras luchaba desde New York hasta Chile por la libertad de Cuba y de Puerto Rico, o creaba en Santo Domingo la Escuela Normal y, en su pequeña y bella tierra, La Liga de los Patriotas.

Eugenio María de Hostos, que llevaba 35 años sepultado en la tierra dominicana, apareció vivo ante mí a través de su obra, de sus cartas, de papeles que iban revelándome día tras día su intimidad; de manera que tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer -en sus matices más personales- el origen y el desarrollo de sus sentimientos. Hasta ese momento, yo había vivido con una carga agobiante de deseos de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era latinoamericano; pero, para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales. ¿Y cómo podía saber yo cuáles condiciones eran ésas, y cómo se las formaba uno mismo si no las había traído al mundo, y cómo las usaba si las había traído?

La respuesta a todas esas preguntas, que a menudo me ahogaban en un mar de angustias, me la dio Eugenio María de Hostos, 35 años después de haber mu**to. Si mi vida llegara a ser tan importante que justificara algún día escribir sobre ella, habría que empezar diciendo: "Nació en La Vega, República Dominica, el 30 de junio de 1909; y volvió a nacer en San Juan de Puerto Rico a principios de 1938, cuando la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos le permitió conocer qué fuerzas mueven, y cómo la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás".

El centenario del nacimiento de ese gigante, que siendo -como era- puertorriqueño, figura por derecho propio entre cinco forjadores de la Patria dominicana, iba a celebrarse en 1939, y uno de los puntos del programa conmemorativo era la edición de sus obras completas, para lo cual se abrió un concurso que fue ganado por la Cultural, S.A., de La Habana. El escogido para dirigir la edición fui yo; y, por eso se explica que Hostos, el sembrador fuera publicado el mismo año de la celebración del centenario por la Editorial Trópico, de la capital de Cuba. He ahí brevemente dicha la historia de este libro, y ahora pasaré a explicar la naturaleza de la obra.

En el programa de la Comisión Pro Centenario de Hostos había un premio para la mejor biografía del maestro que fuera enviada al concurso abierto por la Comisión. Pero mi biografía no fue escrita para ese certamen, ni podía serlo si yo era un hostosiano legítimo; pues, en lo que se refería al conocimiento de la vida de Hostos, yo había sido un privilegiado, no sólo porque me había tocado la fortuna inmerecida de supervisar el traslado a maquinilla de todos sus originales -y por esa razón tenía que conocer su obra mejor que nadie-, sino, además, porque había estado recibiendo por esa tarea un salario.

Había estado viviendo de la obra de Hostos como un buitre de las entrañas de un cadáver; y aprovecharme de esa situación para enviar al certamen una biografía de Hostos me daba soure todos los posibles biógrafos una ventaja que no podía usar sin convertirme automáticamente en un ser abyecto, indigno de llamarme hostosiano. Sin embargo, yo tenía que ayudar a difundir la obra de Hostos. Tenía que hacer con ella, en otros jóvenes, lo que ella había hecho en mí; y me pareció que la mejor manera de cumplir ese deber era proporcionando a los que quisieran ir al concurso abierto por la Comisión Pro Centenario del gran puertorriqueño esa imagen íntima de Eugenio María de Hostos que me había tocado recibir, como un don extraordinario, a través de sus papeles.

La obra visible de Hostos, la parte de su vida que se manifestó en actuaciones públicas, esa parte de todo gran hombre que sobresale de las aguas del mar de su vida como sobresale una parte de los hielos del iceberg, podía ser el material para una biografía de las llamadas objetivas; y ése sería, sin duda, el tipo de trabajo que premiaría un jurado escogido por la Comisión del Centenario. Pero yo quería darles a los posibles biógrafos de Eugenio María de Hostos la parte de su vida que no se veía, la que navegaba bajo la superficie de las aguas, la parte en que se hallaban los sentimientos y las ideas que hicieron de él lo que fue, no lo que él hizo.

Ahora, al cabo de 38 años, he vuelto a leer Hostos, el sembrador; y, aunque al releerla sabía que Hostos fue un idealista como lo fui yo cuando salí de sus manos vivas después de 35 años de su muerte, he autorizado esta edición puertorriqueña, a la que no le he cambiado una sola palabra de las que aparecieron en la edición cubana, porque no me avergüenzo de haber sido idealista. Me hubiera avergonzado traicionar a Hostos después de haberlo conocido. Y no lo traicioné. No soy el idealista que él formó; pero sé que, si él viviera, los dos estaríamos en las mismas filas, naturalmente, él como jefe y yo como soldado.

Juan Bosch Santo Domingo,
República Dominicana
24 de mayo de 1976

Inauguración del Centro Hostosiano del Ateneo llevada a cabo el 11 de agosto de 2018
01/11/2018

Inauguración del Centro Hostosiano del Ateneo llevada a cabo el 11 de agosto de 2018

01/11/2018

Fundamentos y preceptos de Eugenio María de Hostos
Vivian Auffant Vázquez

Eugenio María de Hostos con sus artículos periodísticos, discursos, conferencias y lecciones, contribuyó a transformar el sistema educativo y la enseñanza del derecho en República Dominicana, Perú, Argentina, Brasil y Chile. El pensamiento del educador siempre estuvo comprometido con la ampliación de la conciencia libertaria. Su nombre viene a ser sinónimo de educador, patriota, sociólogo, jurista, en resumen: conciencia. Así puede entenderse no sólo para los países antillanos sino para la Humanidad.
Destacamos seis etapas en los que dividimos su vida de 1839 a 1903 mediante los proyectos desarrollados. Nace en Puerto Rico en 1839 y se educa en el Liceo San Juan en Mayagüez; a partir del 1847 se destaca en las matemáticas y las letras. En 1851, continúa estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de Bilbao, España. Regresa a Puerto Rico, por corto tiempo y en 1855, termina cursos en el Seminario San Idelfonso en San Juan. Vuelto a España en la Facultad de Derecho, Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid en 1857 es discípulo de Julián Sanz del Río. En 1862 su madre muere en Madrid regresa a Puerto Rico y vuelve a España en 1863. Desde sus actividades en Madrid, entre 1863 a 1868, propulsa la idea dominante de su vida: la libertad y unidad de las Antillas. Publica en Madrid, La peregrinación de Bayoán, su primera novela en forma de diario que marca la ruta de la libertad anhelada en las Antillas; destacando la vida de un joven comprometido con la independencia de Boriquén unido al amor de una joven mujer cuya rápida muerte tiene la metáfora de un ideal en lucha.
Luego de dos estadías en París, llega a Nueva York en 1868; el 31 de octubre de 1869 tiene su primer encuentro con Ramón Emeterio Betances, líder revolucionario de la independencia de Puerto Rico. En Nueva York permanece hasta 1870 cuando parte a Sur América. En Perú trabaja durante un año en el periódico La Patria y con la Sociedad de Auxilio a Cuba. En Chile desde 1871 pasa cinco años, y publica la Memoria de Chile. Encontramos que su concepto del derecho, es la simiente para las reformas jurídicas. Publica la Biografía a Plácido en 1872 y la segunda edición de La peregrinación de Bayón en 1873 en la que amplía e incorpora recursos literarios para transmitir la emoción de la búsqueda del ideal. En ese mismo año en Chile, se publican sus conferencias sobre La Educación Científica de la mujer, indiscutible aporte sobre el derecho de la mujer en todos sus aspectos, ejemplo para las sociedades del mundo.
Hostos en Santo Domingo labora varias veces: de 1875 a 1876 funda la sociedad La Educadora y promulga el principio del derecho a la libertad en las Antillas; luego de 1879 a 1888 muestra la aplicación de sus ideas mediante una implantación y práctica de su sistema educativo basado en su método de pensamiento; y de 1900 a 1903 tiene a cargo la reorganización total del sistema de enseñanza.
En la República Dominicana funda y dirige los periódicos Las Tres Antillas y Los Antillanos en el año de 1875 y colabora con Las Dos Antillas. Sale a Venezuela donde se casa en 1878 con Belinda Ayala. Pasa a Nueva York, para regresar en 1879 cuando inicia su labor educativa y cívica hasta 1888. En 1880 funda la primera Escuela Normal de Santiago de los Caballeros. En 1883 inaugura la Cátedra de Economía Política en el Instituto Profesional. Dicta a sus alumnos las Lecciones de Sociología que posteriormente formarán parte del Tratado de Sociología. En 1884 se gradúan los primeros maestros normalistas al igual que en 1886. Publica en Santo Domingo sus Lecciones de Derecho Constitucional en 1887 y en ese año se gradúan las primeras maestras del Instituto de Señoritas dirigido por Salomé Ureña de Henríquez. En 1888 funda la Escuela Nocturna para la clase obrera y publica Moral Social.
De 1888 a 1898 vuelve a Chile donde realiza la obra educadora del sistema de escuelas y la Reforma del Plan de Estudios de la Facultad de Leyes en Santiago de Chile. Divulga Cartas públicas sobre Cuba, destacada defensa por la libertad de esta Antilla que por más de cuarenta años manifiesta sus esfuerzos intelectuales, reflejo del compromiso por las libertades absolutas de las colonias. Por ello llega a Puerto Rico en 1898 para contribuir al desarrollo de la educación y el derecho iniciando el proyecto de La Liga de Patriotas Puertoriqueños.
De 1899 a 1903 año de su muerte, reorganiza en Santo Domingo la enseñanza pública y le nombran Inspector General de la Enseñanza Pública, director de la Escuela Normal de Santo Domingo.
La Moral es la ciencia que establece la relación de deber del hombre con la naturaleza, consigo mismo y con la sociedad. Estos conceptos pueden y deben ser las guías para establecer una convivencia digna, responsable y trascendental basados en una educación amplia.

Ni el amor a la verdad, ni aún el amor a la justicia bastan para que un sistema de educación obtenga del hombre lo que ha de hacer del hombre, si a la par de esos dos santos amores, no se desenvuelve la noción del derecho y el deber; la del derecho para hacerles conocer y practicar la libertad; la del deber para extender prácticamente los principios naturales de la moral , desde el ciudadano hasta la patria, desde la patria obtenida a la patria pensada desde los hermanos en la patria hasta los hermanos en la Humanidad.
(Eugenio María de Hostos, OC, t.XII, Forjando el porvenir americano I :133)

Hostos estableció y evaluó su teoría educativa del conocimiento constituyendo sistemas de enseñanzas que apoyaban el desarrollo holístico de la persona en la práctica de la libertad. Su método propicia y alienta un sistema de vida que alcanza una conciencia cívica mediante una escuela laica. Logra inculcar en la razón de cada quien el conocimiento de sus derechos, de sus deberes y responsabilidades. La práctica del derecho y la libertad precisa un sistema educativo en constante proceso de entendimiento y conciencia cultural que respalde el desarrollo de los pueblos.

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