22/02/2026
Los días que me quedan:
Los días que me quedan no sé cuántos son.
Nadie lo sabe. Nadie puede contarlos con certeza.
Pero sí sé algo: si puedo hacer algo bueno por los tuyos, por otros, por alguien que necesita amor, consuelo o esperanza, entonces mis días tendrán sentido y mi alma descansará mejor.
Muchos vivimos haciendo planes:
“haré esto mañana”,
“lograré aquello el próximo año”,
“cuando tenga tiempo buscaré a Dios”.
Pero la Palabra nos advierte en Santiago 4:13-15 que no debemos planificar la vida como si fuéramos dueños del tiempo, porque el tiempo no nos pertenece; le pertenece al Señor.
La Escritura dice que nuestra vida es como neblina: aparece por un momento y luego desaparece.
Así de frágiles somos.
Así de breves son nuestros días.
Hoy estamos, mañana no sabemos.
Hoy respiramos, mañana solo Dios lo sabe.
¿Cuántas personas tenían planes para hoy… y ya no están?
¿Cuántos pensaban que tendrían más tiempo para amar, perdonar, servir, cambiar… y el tiempo se terminó?
Pensando lo bien sabes que también somos como flores?
Nacemos, crecemos, mostramos nuestra belleza, nuestra fuerza, nuestras capacidades.
Hay días en que florecemos y somos admirados.
Días en que destacamos, brillamos, avanzamos.
Pero luego, con el paso del tiempo, la flor se marchita… y finalmente muere.
Y entonces surge una pregunta profunda:
¿Para qué florecimos?
Cuando fuimos flor, ¿para quién servimos?
¿Fuimos flores de amor que consolaron corazones?
¿Fuimos flores de esperanza en medio del dolor?
¿Fuimos flores de buenas noticias para el que estaba caído?
¿Fuimos flores que adornaron hospitales con fe?
¿O solo flores de funeral, que aparecen cuando ya todo terminó?
Hasta las flores tienen una función.
No florecen por casualidad.
Florecen para dar vida, belleza, mensaje y propósito.
Y tú…
¿cuál será tu función?
Hoy Dios nos da una oportunidad.
No para vivir apresurados sin dirección,
no para vivir egoístamente,
no para vivir ignorando su voluntad,
sino para hacer lo correcto mientras hay tiempo.
Aún hay tiempo para perdonar.
Aún hay tiempo para amar.
Aún hay tiempo para servir.
Aún hay tiempo para acercarnos a Dios y decir:
“Señor, si Tú quieres, viviré y haré esto o aquello.”
No sabemos cuántos días nos quedan,
pero sí sabemos que cada día es una oportunidad divina.
Oportunidad para corregir lo malo.
Oportunidad para sembrar lo bueno.
Oportunidad para dejar huellas de fe y no solo recuerdos vacíos.
Hoy puedes decidir florecer correctamente.
Florecer en amor.
Florecer en servicio.
Florecer en obediencia.
Florecer en propósito.
Porque al final de la vida, no importará cuánto brillamos,
sino a quién bendijimos.
No importará cuánto tuvimos,
sino cuánto bien hicimos.
No importará cuánto duramos,
sino cómo vivimos delante de Dios.
Así que, mientras haya aliento,
haz lo correcto.
Ama más.
Sirve más.
Perdona más.
Busca más a Dios.
Porque los días que nos quedan son inciertos,
pero la oportunidad de hacer lo correcto…
es hoy.