12/10/2025
El éxito de una nación comienza cuando su líder se rinde a Dios
Toda autoridad es puesta por Dios. Romanos 13:1 dice: “No hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”
Aunque muchos lleguen al poder por medios humanos, la soberanía divina siempre prevalece. En hebreo, “mashal” significa gobernar con propósito. Dios puede usar a un gobernante, aun con sus errores, para cumplir un propósito mayor. Los sabios judíos enseñan que cuando el pueblo se aparta, Dios permite líderes que los llamen al arrepentimiento. Por eso, el creyente no critica, intercede.
Muchos miran el éxito del presidente Bukele y piensan que se debe a su estrategia o inteligencia, pero el secreto está en que se humilló delante de Dios. Proverbios 9:10 dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.” En hebreo, “temor” (yirá) significa reverencia que conduce a obediencia, y esa obediencia abre la puerta a la sabiduría y al consejo divino.
Un presidente sin Dios no puede avanzar. Salmo 33:12 dice: “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová.” Cuando un líder se rinde al Señor, el cielo se abre, pero cuando se aleja, las decisiones se llenan de orgullo y error. Así que el futuro de nuestra nación no depende solo de un presidente, sino del pueblo de Dios que ora y se humilla.
2 Crónicas 7:14 declara: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”
La palabra “humillarse” (kana) significa rendir la voluntad. Dios no busca multitudes religiosas, sino corazones quebrantados que lo invoquen con verdad. Cuando el pueblo se humilla, Dios sana la tierra en lo espiritual, económico y moral.
El Perú no necesita un nuevo sistema, necesita un despertar espiritual. Oremos para que el nuevo presidente tenga un encuentro real con Dios, que el Espíritu Santo guíe sus decisiones y que el pueblo se vuelva al Señor.
Proverbios 21:1 dice: “El corazón del rey está en la mano de Jehová; como los ríos de agua, a todo lo que quiere lo inclina.”
El éxito de un gobernante no se mide por lo que hace, sino por a quién se rinde.
Y el futuro de una nación no se define en el palacio de gobierno, sino en el altar de oración del pueblo de Dios.