10/05/2018
SI PERDISTE EL CONTROL, AÚN NO ERES LA PEOR MAMÁ.
¿Te da miedo que una mala reacción pueda traumar a tu hij@? Respira y da el siguiente paso.
Después gritar y mandarlo llorando a su cuarto, te quedas con una sensación de culpa y vergüenza, pensando que nunca olvidará la escena y vivirá con ello toda su vida. ¡Tranquila! A pesar de que está asustado o cree que no lo quieres, puede arreglarse.
Es normal tener un impulso de enojo ante circunstancias que exceden tu control. Muchos padres lo “resuelven” alzando la voz o con un golpe y parecería que funciona. La cuestión es que el niño cambia su conducta a través del temor y no de la responsabilidad y la auto-regulación, Reconcíliate
Separa lo que sucedió del sentimiento que te causó. Por ejemplo: llegaste a casa y viste que no había hecho la tarea; te sentiste molesta al pensar que los dos tendrían que dormir más tarde y despertarse cansados.
Acércate; dile una frase como: “Mamá ya está tranquila y lista para hablar. ¿Te asustaron mis gritos? o ¿Te dolió la nalgada?”.
Sabrás si está listo para platicar cuando pueda establecer contacto visual y acercarse a ti. Si todavía no lo hace, ayúdalo a calmarse. Crea empatía mediante el contacto físico (toma su mano o frota su espalda suavemente).
Explícale con claridad qué fue lo que te molestó y la razón.
Asegúrate de que logre entenderlo. Cuando se lo preguntes, él te deberá responder: “Porque si no esta hecha mi tarea me dormiré más tarde y estaré cansado en la mañana” y no “Porque te hice enojar” o “Porque soy irresponsable”
Piensen juntos alternativas para evitar que la situación se repita. Quizá: terminar la tarea antes de comenzar a jugar.
Al final vuelve a tener contacto físico: dale un abrazo o hazle algún cariño. Esto los reconectará.
Si utilizas frases agresivas o le llamas la atención de manera física de una a tres veces por semana, puedes tener un problema de manejo de tus impulsos agresivos. Busca ayuda de un especialista que te enseñe técnicas de autorregulación y comunicación asertiva.