17/04/2026
Hay días en los que un simple timbrazo en la puerta trae mucho más que un paquete.
Hoy ha sido uno de esos días.
Qué sonido tan hermoso tiene un timbre cuando traen algo que esperas,
qué roce tiene el libro que aguardabas como agua de mayo,
qué olor tiene el papel cuando deseas pasar sus hojas con ansia de historia,
qué gozo encuentras al recorrerlo buscando aquello que te habían adelantado,
qué honor se siente cuando el autor, sin necesidad, te concede tal privilegio,
qué maravilla es descubrir un agradecimiento que uno siente no merecer,
qué satisfacción da saber que alguien valora lo que para ti es tan poca cosa,
qué agradable es comprender que, sin darte cuenta, también formas parte de su camino,
qué agradable es descubrir que, en algún rincón de su historia, también estás tú,
qué agradable es saber que, entre sus páginas, hay una pequeña huella que también es tuya.
Gracias, amigo, por ese detalle que dice mucho más de ti que de mí.
Gracias, Jon Arretxe, por la generosidad, por la confianza… y por seguir contando historias que merecen ser leídas.
Cerdos y amapolas ya está en mis manos… y promete.
Porque al final, escribir es un acto solitario… pero compartirlo lo convierte en algo inmenso.