19/05/2026
Arrancamos la publicación más difícil de escribir…
Lo primero, agradecer de corazón a todas y cada una de las personas que estuvieron el sábado en la Peña Oroel. Y, al mismo tiempo, pedir disculpas. La ilusión de todos era juntarnos arriba, pero como dije al grupo: bien está lo que bien acaba.
El sábado, Oroel lloraba a la vez que sonreía. Lloraba porque se vio incapaz de ayudar a sus huéspedes, ni aun yendo con el guardián de Oroel, ni visitando a su Virgen, el cielo decidió que esta vez debía esperar. Y sonreía por la furza y garra que había por los 2 frentes
La vida te regala momentos y situaciones únicas. El objetivo no siempre es lo físico. La lucha no siempre es la victoria. La cima no siempre es el final; de hecho, siempre es la mitad del camino.
Se intentó y se luchó, pero también es valentía parar y saber decir: hoy mi sueño se va a escapar... pero nadie me quita esos momentos mágicos con mi “Comunidad del Anillo”, donde todos dieron lo mejor de ellos por cumplir sueños de otras personas.
Realmente, mi montaña la subo cada día: unas veces mejor, otras veces peor. A veces hay que rectificar, a veces hay que llorar, a veces hay que gritar… pero siempre hay que vivirla.
Pero Duchenne no ganó esta batalla. Porque otros fueron mis piernas, mis ojos y mi corazón, sobre todo, el pequeño Aratz, un niño de 9 años con Duchenne de sangre vasca, que sí logró llegar, andando con sus dos bastoncillos. Realmente, nosotros éramos la distracción, mientras el verdadero reto se cumplía por el lado norte de Oroel. Muy probablemente, la primera persona con Duchenne en alcanzar la cruz de Oroel.
Y sí, claro que mereció la pena. Por eso se atacó Oroel por distintos frentes, porque no queríamos que se escapara.
Nos sorprendió un día de muchísimo frío y mucho viento. Había que abrigarse, y yo lo hice en exceso. Eso provocó que mi respiración se viera afectada por la presión de la ropa, sumado al propio esfuerzo y a la tensión del momento.
La silla es maravillosa. Aunque parezca mentira, los baches no se notan. De hecho, llamó la atención del grupo, especialmente de quienes no la conocían. Creo que puede ser de mucha utilidad en esta zona. Y la verdad, espero y deseo que otras personas tengan la suerte de llegar a Oroel con ella, o que incluso, con mejores condiciones de temperatura, podamos ser nosotros quienes volvamos a intentarlo y llegar.
La vida son estos momentos. Realmente, el valor no era llegar a la cruz; el valor, una vez más, es darte cuenta de la gente que lucha a tu lado, del apoyo incondicional que tenemos siempre en Jaca.
Estamos rabiosos por no haber llegado, rabiosos por no tener esa foto de nuestra amada Jaca, por no haber podido estar con la gente que subió de propio a apoyarnos, por no haber podido recibir al pequeño Aratz como merecía…
Nuestra “Comunidad del Anillo” fue:
Nacho, Alberto, Alejandra, Casti, Marcos, Rebeca, Pesero, Araujo, Alejandro, Sonia, Victorino, Javitxu, Mar, Manu, Raúl 1, Raúl 2, Espi, Antonio, Quique, Sanora, Mª José, José Ramón, Vene, Rocío, Pepe, Ruyman, Ana, Aída, Alain, Gonzalo, Protección Civil Jacetania, Cruz Roja Provincia de Huesca Cruz Roja EMMOE, Regimiento Cazadores del Galicia. Tropas de Montaña, Ejército de Tierra y GREIM.
Y también, como cobertura por el lado norte: Josetón, Chuan, Ares, Toño, Pachi, Rebeca. Al igual que a los voluntarios de Jaca Lucha Contra Duchenne
Mención especial al personal de Protección Civil. Solo puedo decir que sois impresionantes. Gracias de corazón por todo lo que hicisteis este sábado, como por ejemplo no dejar en ningún momento solo al pequeño Aratz.
La vida te pone obstáculos, pero esto no será el último disparate que intentemos. Porque vosotros hacéis latir.
Sin reblar, hasta el final.
Gracias a todos.
Jaca Lucha Contra Duchenne
Quique Gravalos