22/10/2026
Cien años y seis inviernos de leyenda: Aniversario de la II y III Bandera de La Legión
Los días 22 y 23 de octubre marcaron el 106º aniversario de la II y la III Bandera de La Legión, dos unidades nacidas del pulso convulso de 1920 cuyo trazado histórico trasciende la mera cronología militar para convertirse en materia viva de valor, rigor y sacrificio.
No había transcurrido aún un mes desde que echara a andar el Tercio de Extranjeros cuando su fundador, el teniente coronel José Millán-Astray, apremió la creación de nuevas banderas. Urgía encuadrar al alud de hombres que llegaban de todas partes y dar contundencia a las operaciones en la abrupta geografía del protectorado español de Marruecos.
La II Bandera inició su andadura el 22 de octubre de 1920 a las órdenes del comandante de Infantería Fernando Cirujeda Galloso. Supo la unidad desde sus primeros pasos de qué sustancia estaba hecha su empresa: Tras asumir el mando en 1921 como su sucesor el nuevo jefe, el comandante Carlos Rodríguez Fontanés, en marzo de 1922, caía a causa de las heridas encajadas en el cruento escenario de Annual, dejando fijada desde el comienzo la medida exacta del compromiso exigido.
Encuadrada en el Tercio “Gran Capitán”, 1º de La Legión, la II Bandera fue testigo de cómo su tercio recibió la bandera nacional el 20 de junio de 1941, donada por la ciudad de Melilla. Allí permaneció, firme en su puesto y en su cometido, hasta que en febrero de 2009 un decreto formal dispuso su disolución tras ochenta y siete años de existencia.
La III Bandera nació en Ceuta al día siguiente, el 23 de octubre, al mando del comandante de Infantería José Candeira Sestelo. Fue desde el principio una tropa bregada en el choque directo de las campañas africanas. En el año feroz de 1921, los hombres de la III dejaron su huella en los combates de las Lomas de Azquiren y en el empeño del monte Buharrat; de aquella jornada en la cumbre salieron con la corbata de la Cruz Laureada de San Fernando y un nombre escrito a fuego por la tropa: «Los Tigres de Buharratz».
Ciento seis años después de su creación, ambas banderas continúan ocupando un lugar destacado en la memoria legionaria. Su historia representa mucho más que una sucesión de campañas y hechos de armas: constituye el testimonio de una forma de entender el servicio, basada en la disciplina, la compañerismo y la fidelidad al Credo Legionario.
Hoy, su legado permanece vivo en las nuevas generaciones de legionarios, que mantienen intactos los valores de sus antecesores y renuevan, día a día, su compromiso con España y con La Legión.