05/08/2026
En la pared de tu casa vive la cuija, también llamada besucona, güecu, salamanquesa o pichete según la región. De noche se le ve cruzar el techo cerca del foco, quieta y de pronto rapidísima. Muchas creencias la rodean, pero ninguna es cierta: se trata de un reptil inofensivo. 🦎
No es anfibio ni salamandra: es un geco. A diferencia de casi todas las lagartijas, emite sonidos. Ese chasquido que se oye de madrugada es la cuija marcando territorio o llamando pareja.
Los mitos, uno por uno:
No es venenosa. No tiene veneno ni colmillos para inyectarlo.
No escupe ningún líquido que ciegue. Esa creencia carece de sustento.
No transmite enfermedades. Al contrario: se come a los insectos que sí las cargan.
No provoca ronchas al contacto. Muerde rarísimas veces, solo si la aprietan, y su boca no alcanza a marcar la piel.
Lo que hace por la casa cada noche:
Funciona como un insecticida silencioso. Con las laminillas adhesivas de sus dedos sube por los muros y caza mosquitos, palomillas, moscas y cucarachitas. Se coloca junto a los focos porque la luz atrae insectos y los va tomando uno por uno. Una cuija en la pared significa bastantes menos mosquitos adentro. 🌙
Si se le sujeta de la cola, la desprende: sigue moviéndose para distraer mientras el animal escapa, y después le vuelve a crecer.
Conviene dejarla vivir en el muro haciendo lo que sabe hacer, en silencio, durante la noche.