06/12/2023
YO SOY UTÓPICO
Autor Fabio Alberto Cortés Guavita.
Bogotá, Colombia, diciembre 6 de 2023
Yo soy Utópico desde la perspectiva de la realización para ser feliz. Hay que empezar por reinventar el concepto que se tienen de Utopía y darle una nueva interpretación de realidad y posibilidad aunque difícil de alcanzar, ¡claro que sí! No se trata de proponer cosas fáciles, eso no tienen ninguna gracia ni profundidad.
Para mí el liderazgo no consiste en lograr que otros hagan las cosas, sino en conseguir que otros amén lo que hacen, desde los valores, para el bienestar común. Y lo sustento a lo largo de la caracterización que he dado al Líder Polivalente, como esa persona que es capaz de hacer que otros quieran amar lo que hacen y lo hagan con fe y deseando siempre llegar a buen puerto en la Utopía que persiguen.
La Utopía. Es necesario dar una mirada retrospectiva a la Utopía, con mayúscula, pues mayúsculo es el entendimiento que el ser debe aplicar a su pensamiento. Baste iniciar esta definición con el verso del poeta cantautor Joan Manuel Serrat cuando reza “¡Ay! Utopía, incorregible que no tiene bastante con lo posible” Así debe pensar el ser humano, se trata es de lograr lo imposible. No se puede socavar la esperanza, su sueño, pues se hace imposible generar su propio desarrollo, lo cual en otras palabras significa pasar del sueño a la acción, hay que hacer hasta lo imposible para alcanzar ese sueño.
Si bien el término fue creado por el político y pensador inglés canonizado como santo Tomás Moro, en su obra dada a luz pública en el año de 1515 en la ciudad de Lovaina, hoy Bélgica, esta obra originalmente escrita en latín fue reconocida como una de las más importantes del humanismo europeo. La palabra utopía significaba lugar que no existe en referencia con la isla ideal descrita en su obra, la importancia social y política de esta obra fue la concepción de un gobierno perfecto en una hermosa isla en la cual los intereses de los individuos se someten a los de la sociedad en su conjunto, en un marco de tolerancia religiosa, de enseñanza universal y en el cual la tierra les pertenece a todos.
Pese a su origen la palabra se debe reinventar con una nueva acepción y concepción, en un reto por alcanzar lo que para algunos puede ser imposible o irrealizable. La Utopía no puede ser algo imposible de lograr, debe ser un lugar al cual llegar, después de una larga jornada, después de recorrer caminos espinosos, no importa cuánto se sufra pero llegar, y coronar con el éxito la jornada inmensa de soñar la realidad, si se cuenta con oportunidades, ¡pues quien sueña con oportunidades, tiene esperanzas y quien tiene esperanzas está vivo!
Cabe señalar en el marco de las Utopías y en primera instancia, la Utopía de la Teología de la Liberación como punto de encuentro entre la espiritualidad cristianismo y la base social del marxismo en un entender del Evangelio como la lucha en favor de los pobres, la preocupación de Dios por la pobreza en alianza con el mensaje de Jesucristo, el concepto de un nuevo reino y una nueva tierra para todos, para esa gran mayoría que lucha por su propia esperanza y un marxismo preocupado por la igualdad económica a partir de la revolución social y la conciliación de elementos en busca de una moral que reivindique al ser como lo esencial y consecuentemente el respeto por los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.
Dentro de este contexto es justo realizar un paralelo entre dos argumentaciones de la moral, una por cada una de las teorías mencionadas, qué piensa el cristianismo desde la moral, qué propone el marxismo y cuál puede ser el punto de encuentro, veamos. El ejemplo más significativo de la moral cristiana quizá se vea desde lo que es:
“La prudencia, la templanza, la fortaleza y la justicia, entendidas estas así: la prudencia como el saber lo que debemos hacer, decir y evitar, tomando consejo del que sabe y actuando sin precipitarse; la templanza como la moderación en todos los órdenes; la fortaleza como saber sobrellevar el sufrimiento con paciencia, sin renegar, luchando con valor contra las dificultades; y la justicia para dar a cada cual lo que merece, recordando la sentencia ‘dar a DIOS lo que es de DIOS y al Cesar lo que es del Cesar’ así el hombre a través de ella encontrará su recompensa al final de su vida terrena, allí no existe esclavitud, ni ignorancia, sólo puede haber igualdad para todos mis hermanos. El cristianismo que han desarrollado los discípulos ofrece al hombre unos principios morales que por venir de Dios son imperativos, absolutos e incondicionales”
En contraste con esta posición el marxismo plantea un mundo mejor pero en lo terrenal, veamos:
“La moral vista en el contexto de la superestructura ideológica, cumple con una función social, es decir, castiga las relaciones de acuerdo con los intereses de la clase dominante. La moral es clasista desde el mismo momento en que la sociedad se dividió en clases. En una misma sociedad cohabitan diferentes morales, a cada clase corresponde una moral. Es por ello que si no se dan unas condiciones objetivas para que exista una moral válida para toda la sociedad, no puede existir un sistema moral válido en el tiempo y en el espacio”.
“Ahora bien, cuando se presenta un cambio en las relaciones de producción, se requiere de una nueva moral. El cambio que vislumbramos en este orden de ideas es el de una sociedad socialista en la cual las relaciones no se encuentren enajenadas. Allí la necesidad de la moral es obvia, dado que esas nuevas virtudes que conlleva la transformación de las viejas estructuras por unas nuevas, deben contar con una nueva moral”.
El punto de encuentro bien ha sido planteado por la Teología de la Liberación.
CORTÉS GUAVITA, Fabio Alberto. Sí, Mataras y otros cuentos. Edición de prueba, Gestar Editores. Bogotá, Colombia 2002