24/09/2020
🍷COMO EL BUEN VINO CR7🍷
—A los 34 años, Ronaldinho estaba en el Querétaro, consciente de sus prioridades: la rumba y la noche. También consciente de que eso de ser el mejor del mundo ya no le interesaba.
—A los 34 años, Ronaldo Nazario se retiraba con el Corinthians. Un guerrero, un ejemplo de vida, un luchador, un héroe, una leyenda viva que no le debe nada a nadie tras conseguirlo casi todo. Pero a los 34 años era una pálida sombra de aquel ‘Fenómeno’ que deslumbró al planeta. Nunca volvió a ser el mismo.
—A los 34 años, Diego Armando Maradona intentaba una resurrección más en Boca tras haber fracasado en el Sevilla y Newell's: su carrera sólo iba a empeorar.
—A los 34 años, Pelé, aquel que muchos llaman el mejor de la historia, ya no jugaba para su selección: había renunciado al honor más grande que es jugar por su país. Los años le pesaban: disfrutaba de la vida en Estados Unidos mientras anhelaba el retiro jugando en el New York Cosmos.
—A los 34 años, Johan Cruyff se jubilaba en los Angeles Aztecs. Después iría al Washington Diplomats y después… al Levante.
Todos son leyendas respetadas en el mundo del fútbol; algunas de ellas tan aduladas que no se les puede criticar, es prohibido como con Ronaldinho: la gente no concibe que les critiquen al ídolo vagabundo.
Mientras que a los 34 años todos piensan en jubilarse, déjeme contarle una cosa.
A los 35 años, Cristiano Ronaldo la tiene clara. Lleva más de quince años jugando al más alto nivel y no da señal de querer irse a jubilar a algún destino exótico. El tipo quiere competir hasta el final.
A los 35 años, Cristiano Ronaldo ha sido un ejemplo constante de profesionalismo, dedicación, sacrificio, higiene de vida: un señor que vive y respira por el fútbol.
Si hay algo que debo de reconocerle a Cristiano Ronaldo, es su entrega, su profesionalismo, sus ganas de siempre ser el mejor, su competitividad al máximo, uno de los mejores de la historia.