Hada de los cuentos

Hada de los cuentos Hada de los cuentos, te invita a volar con la imaginación por lugares mágicos y conocer diferentes personajes literarios.

Nuestros niños tienen que seguir volando con su imaginación y es por eso, que Hada de los cuentos, te acompaña en este viaje. Con cuentos, novelas o cualquier texto literario, ella te acerca al encuentro con los libros y a disfrutar del placer de leer por leer. Es todo un desafío pero no un imposible.

01/08/2025
13/07/2025

“No toques a las personas mayores de cincuenta. En serio.
No son solo otra generación: son una verdadera especie de supervivientes.

Duros como el pan del día, rápidos como las pantuflas de la abuela lanzadas con precisión de boomerang. A los cinco años ya “leían” el humor de su madre por el tintinear de la olla; a los siete tenían un llavero con instrucciones:
“Encontrarás la comida en la nevera: caliéntala, pero no la derrames.”

A los nueve cocinaban el borsch sin receta; a los diez sabían cerrar la llave del agua y huir del perro del vecino con un cubo en la cabeza.
Pasaban todo el día en la calle, sin móvil, con una ruta clara: barra de dominadas, río y vuelta a casa de noche, con las rodillas cubiertas de cicatrices: el mapa de sus pequeñas batallas.

Y sobrevivieron.
Sellaron los rasguños con saliva y hojas de llantén, y al doler, escuchaban: “Si no se ha quedado colgando, es que casi no duele.”

Comían pan con azúcar, bebían del aspersor del jardín —un microbioma que envidiaría cualquier yogur—, y no conocían las alergias. Y si las tenían, no decían nada.

Saben quince trucos para eliminar manchas de hierba, grasa, sangre o tinta, porque siempre tenían que regresar “presentables”.

Y eso no es todo. Han pasado por:
– radio a transistores,
– televisor en blanco y negro,
– tocadiscos y vinilos,
– magnetófonos de bobinas y cintas,
– CD y Discman,

y ahora llevan miles de canciones en el bolsillo… pero echan de menos el crujido de rebobinar casetes con un lápiz.

Con el carnet de conducir en mano, cruzaban el país en un viejo coche sin hoteles, aire acondicionado ni GPS. Solo un atlas de carreteras y un sándwich de huevo en la guantera. Llegaban siempre, sin Google Translate, con una sonrisa.

Son la última generación que vivió sin internet, sin batería de repuesto y sin la ansiedad de quedarte sin carga.
Recuerdan el teléfono fijo colgado de un cable en el pasillo, libros de recetas en cuadernos y no en apps, y cumpleaños que apuntaban… o solían olvidar.

Ellos:
– arreglan todo con cinta aislante, un clip o unos alicates,
– tenían un solo canal de TV y no se aburrían,
– “hojeaban” la guía telefónica, no un feed,
– creían que una llamada perdida significaba “estoy bien, te devuelvo la llamada.”

Son diferentes. Cuentan con un “asbesto emocional”, un sistema inmunológico forjado en la escasez y reflejos de ninja urbano.

No toques a un cincuentón: ha visto más, vivido más profundo y lleva en el bolsillo un caramelo de menta más viejo que tu hijo.

Sobrevivió a la infancia sin sillita de coche, sin casco y sin crema solar. La escuela, sin portátil. La juventud, sin scroll infinito.

No busca respuestas en Google: confía en su instinto.
Y tiene más recuerdos que tú fotos en la nube.

Web.
Créditos a su autor




13/07/2025

LA MUJER QUE REGALABA PLANTAS CON NOMBRES
(Cuento para adultos sobre renacer, vínculos y el arte de sanar compartiendo vida)

Tenía un pequeño vivero improvisado en la ventana de su cocina.
Macetas recicladas, latas viejas, vasos de yogurt.
Y en cada una, una planta…
y un nombre.

No eran nombres de especies.
Eran nombres de personas.

“Mateo” era un cactus que sobrevivió al invierno.
“Valeria” era una lavanda que volvió a florecer después de casi secarse.
“Don Joaquín” era una suculenta que se inclinaba hacia el sol con una terquedad hermosa.

—¿Por qué les pone nombres? —le preguntó una vecina.

Ella sonrió.
—Porque cada una me recuerda a alguien que ayudó a que yo no me marchitara.

Cada vez que alguien venía triste, confundido o roto…
ella no daba consejos.
Daba una planta.
Con nombre.
Y decía:
—Cuídala. Si florece… probablemente tú también.

Nadie salía igual.
Porque cuando uno aprende a cuidar algo pequeño…
empieza a tratarse mejor a uno mismo.

Hay personas que no te salvan con palabras…
sino con raíces.
Con hojas que tiemblan igual que tú…
pero siguen creciendo.

—Relato registrado por Teresa Valdés, jardinera de historias vivas.

02/06/2025

Recordando a la inmensa Elsa Bornemann 💕

Yo dibujo puentes
para que me encuentres:
Un puente de tela,
con mis acuarelas…
Un puente colgante,
con tiza brillante…
Puentes de madera,
con lápiz de cera…
Puentes levadizos,
plateados, cobrizos…
Puentes irrompibles,
de piedra, invisibles…
Y tú… ¡Quién creyera!
¡No los ves siquiera!
Hago cien, diez, uno…
¡No cruzas ninguno!
Más… como te quiero…
dibujo y espero.
¡Bellos, bellos puentes
para que me encuentres!

Ilustración Paul Horton

Buen sábado para todos!

Dirección

Martínez

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