06/01/2026
“Siento frío, hielo en mi camino… Y en un rincón se diluyó mi corazón, en el otoño de hojas secas que cubrieron las aceras; dime quién te llevó, quién me ha robado tu canción”; nos cantaba Mariano Casanova en su etapa de Distrito 14.
Como ya sabréis la inmensa mayoría, el pasado 15 de diciembre nos despedimos de Eduardo Balsa, nuestro querido Edualdo.
Yo nunca he sido dado a exteriorizar mis sentimientos, pero, en estos días de inmenso vacío, no me he podido resistir a escribir estas desordenadas líneas; no sé muy bien si para ustedes, para él, o por pura necesidad de desahogo personal.
Hay quien lo conoció, principalmente, por su entusiasta interés en difundir la cultura y la música; pero el más breve contacto personal con él dejaba claro que Eduardo era mucho más que eso.
Insistió siempre en no politizar nuestra actividad en La Tapisca, pero los dos compartíamos la convicción de que la cultura debe ser una herramienta de transformación social, capaz de ayudar a construir un mundo mejor.
Sus numerosos viajes a Cuba, Nicaragua y el Sahara -que tuve la fortuna de compartir con él-, y también a Ecuador y Bosnia, fueron forjando su compromiso con la paz, la dignidad y la justicia social, y fortalecieron su conciencia; una conciencia de clase heredada de su familia. A pesar de las contradicciones inherentes al ser humano, supo mantenerse firme en la esencia, y fiel a la memoria. Siempre criticó lo que él llamaba la comodidad de la neutralidad.
Estos versos de Despierta Mcfly bien podrían haber sido escritos por Eduardo: “sé dónde no quiera estar, sé lo que no quiero hacer, sé con quién quiero estar”.
Conocí a Eduardo en 1.995, cuando yo cumplía con la prestación del servicio social en el Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad, del que él era un miembro destacado. Él me hizo ver como un compromiso con la sociedad lo que para mí era una imposición, y me introdujo en el mundo de la solidaridad bien entendida. Empatizamos desde el primer momento, y fuimos forjando una amistad que sería para siempre. Estuvimos juntos en la creación de Um Draiga, la asociación de amigos del Pueblo saharaui en Aragón. Los “tres barbudos”, como cariñosamente nos llamaba PERROZOMPOPO, constituimos Ideay promotores, germen de lo que después sería La Tapisca Producciones. Fueron tres décadas en las que conocimos mundo juntos, bebimos, reímos, conversamos, compartimos movilizaciones y luchas, disfrutamos de la música y la cultura, conciertos -muchos conciertos-, nos divertimos, sufrimos y fuimos consuelo mutuo, soñamos, creamos… Y también discutimos, claro que discutíamos, cómo no íbamos a hacerlo; pero la confrontación de nuestras ideas nunca fue barrera ni obstáculo en nuestra relación; más bien al contrario, siempre lo entendimos como algo enriquecedor, y como una muestra de la sinceridad de nuestra amistad. Fue mi hermano, mi socio, mi compañero, mi amigo… Siempre nos consideramos familia, y, cosas de la vida, eso terminó formalizándose al estar él casado con una sobrina de mi mujer.
Estuvimos juntos en las buenas y en las malas, afrontamos el cierzo y el siroco, como el título del disco que editamos con motivo de la conferencia europea de solidaridad con el Pueblo saharaui celebrada en Zaragoza.
Son innumerables las personas que conocí gracias a Eduardo. Quería que todas sus amistades formáramos una gran familia, y nos invitaba a que, cada quien con nuestros colores, subiéramos a su carrusel, como nos canta FulanitodeTal.
Sin duda, una de las más grandes cosas que hizo Eduardo fue esforzarse por que su familia y sus amistades quisiéramos a su mujer y a sus hijos tanto como lo queríamos a él. De ese modo, se aseguraría de que, en su ausencia, nunca caminarían solos.
La bodega de su casa era su guarida particular, donde se encerraba a leer, a escuchar música, y a maquinar sus próximos proyectos. Le encantaba compartir ese espacio con sus amistades más cercanas. Nunca olvidaré las intensas charradas que ahí teníamos, y que se prolongaban hasta el alba. Hablábamos de todo; siempre acompañados de una botella de ron y de una buena música de fondo que llegaba a través del denso humo. Tenía la innata capacidad de “embullarme” y conseguir mi apoyo para cada uno de sus nuevos proyectos; por muy descabellados que me pudieran parecer en un principio, siempre lograba ilusionarme y hacerme cómplice.
Aquel verso de un tema del grupo Grupo Karamba que decía “vamos a vivir y vamos a g***r la vida” plasmaba a la perfección su actitud vital; porque no solo disfrutaba de la vida, sino que conseguía que los demás también lo hiciéramos.
A pesar de los pesares, siempre se resistió a decir que se encontraba mal, y tampoco le gustaba que los demás lo hiciéramos. Se negaba a aceptar que la maldad ajena pudiera condicionar su vida; no quería concederles esa victoria.
Nuestro particular “Caballero de París”, como lo identificaron Vocal Tempo en una de sus primeras canciones, fue un soñador, un entusiasta, un hombre bueno. No es cierto que en esta vida cada quien recibe lo que da, pero lo que das revela lo que eres… y eso es lo importante. Eduardo lo sabía, y, en base a ello, actuaba. Su última muestra de generosidad hizo que su vida no terminara con su partida, sino que se prolongara más allá, entregando a quienes lo necesitaban lo último que podía ofrecer.
“Pa´lante, siempre pa´lante, sin perder nunca el tumba´o”, nos decía en unos versos que escribió allá por los años noventa, y que después musicalizarían unos grandes músicos y amigos para incluirlos como canción en un disco que publicamos en solidaridad con Nicaragua. Ésa era su actitud ante la vida, y sería, sin duda, su último consejo para quienes aquí quedamos.
“Pa´lante, siempre pa´lante”... y a galopar, a galopar…
Rafiki (como le gustaba llamarme)
P.D.: Aprovecho para comunicar que La Tapisca cesó toda su actividad con el fin de año. Son muchos los sueños y proyectos que nos quedaron pendientes. Reciban mis disculpas quienes tenían depositadas en nosotros sus ilusiones, y, ante todo, mis disculpas a Eduardo por no hacerlas realidad. Sin su empuje, su capacidad y su compañía, no tendría sentido continuar con este proyecto compartido que tantas satisfacciones nos dio.