17/09/2026
En la escena construida por Mariana y Andrea, la madre no es una identidad cerrada, ni siquiera es un personaje pensado desde una biografía determinada. Es un símbolo cultural y afectivo con múltiples desplazamientos que multiplican los sentidos.
La obra coloca, así, al espectador en una posición activa. Ya antes de ingresar a la sala se pide al público que escriba en un pequeño papel una idea personal sobre la figura materna.
Ese gesto, aparentemente sencillo, instala una operación dramatúrgica fundamental: la obra comienza antes de que comience la representación. El espectador ingresa a la sala portando una imagen, una experiencia, una ausencia, un recuerdo, un deseo o una idea de madre que será puesta en tensión en el territorio escénico.
De este modo, Percovich no parece preguntarse solamente qué es una madre, sino qué sucede cuando una determinada cultura deposita sobre ese significante una multiplicidad de expectativas, deseos, obligaciones, mandatos y representaciones.
Reseña completa en www.artaudcultural.com link en descripción.