04/05/2026
Durante mucho tiempo, en algunas fincas de Brasil, empezaron a aparecer plantas “raras”. Entre los Bourbones de siempre, con sus cerezas rojas, había algunas que maduraban en un color distinto: amarillo. No era algo buscado, ni planificado. Simplemente estaba ahí.
En lugar de descartarlas, algunos productores hicieron lo que mejor saben hacer: observar. Cosecharon esas cerezas por separado, las probaron, y entendieron que había algo especial. Así empezó la historia del Bourbon Amarillo.
Con el tiempo, esta mutación natural encontró en Brasil su lugar. Se adaptó, se multiplicó y terminó convirtiéndose en una de las variedades más queridas del país. No por ser extravagante, sino por su equilibrio: dulzor, cuerpo y una sensación redonda que hace que todo encaje.